2. Principios éticos de la intervención social con personas dependientes.

2.	Principios éticos de la intervención social con personas dependientes.

Todo profesional de atención sociosanitaria, en su trabajo diario, realizará actuaciones y tomará decisiones que afectarán directamente a las personas residentes o usuarias y a su bienestar.

Es por ello necesario que actúe según una deontología profesional y de acuerdo con unos principios y normas éticas, así como que muestre una actitud positiva y constructiva hacia todo lo que rodea su intervención profesional: los compañeros de trabajo, los residentes y familiares, la institución y, por supuesto, hacia él mismo y su profesionalidad y experiencia. Representa los principios y normas éticas comunes que orientan la práctica profesional. Por un lado, describe la asunción de la responsabilidad profesional de las acciones a desempeñar; y por otro, la autonomía que como técnicos de una determinada disciplina pueden desarrollar.

A continuación, detallaremos los aspectos fundamentarles de la deontología profesional (las actitudes y los valores) que ha de mostrar el experto sociosanitario y su delimitación profesional.

 

La deontología profesional hace referencia al conjunto de principios y reglas que regulan una actividad profesional. Estas normas determinan los deberes mínimamente exigibles a los/las profesionales en el desempeño de su actividad. Es el tratado moral de los deberes de una profesión determinada. Está orientada al cumplimiento del deber y queda recogida en normas (jurídicas o leyes; institucionales y morales) y códigos deontológicos, que son una serie de reglamentos mínimos de actuación que estipula un determinado colectivo profesional. Su función es ser un modelo de actuación en el ámbito y ejercicio de un puesto laboral determinado. El código deontológico representa los principios y normas éticas comunes que orientan la práctica profesional. Por un lado, describe la asunción de la responsabilidad profesional de las acciones a desempeñar; y por otro, la autonomía que como de una determinada disciplina pueden desarrollar.

Entre las normas generales deontológicas de la profesión de técnico en atención sociosanitaria se encuentran:

  • Sentir vocación
  • Tratar a los usuarios con respeto a su personalidad y su dignidadhumana
  • No hacer distinción de sexo, raza, religión, nacionalidad, etc.
  • Empatía
  • Fomento de la autonomía, evitando la dependencia innecesaria
  • Objetividad. La intervención debe realizarse libre de prejuicios y favoritismos
  • Escucha activa
  • Rigurosa discreción (guardar el secreto profesional)
  • Respeto a sus preferencias al final de la vida

Además de estas normas deontológicas, existe la obligación de cumplir lasreglas de conducta establecidas en las siguientes normativas:

a) Convenio colectivo de los trabajadores de servicios de atención a las personas dependientes. En su régimen disciplinario se nombran las faltas por las que la empresa puede sancionar al trabajador.

b) Reglamento de régimen interno de la propia institución. Cada centro suele tener su propio reglamento con las normas de conducta que los profesionales deben cumplir. Este reglamento también define los derechos y obligaciones de los usuarios.

 

Delimitación del papel del profesional de atención sociosanitaria

El principal papel del profesional de atención sociosanitaria es la atencióndirecta a los usuarios dependientes en las actividades de la vida diaria queno puedan realizar por sí mismos.

También colabora con el equipo interdisciplinar en conseguir el cambio ylograr los objetivos marcados en el plan individual de intervención de cada residente. Además, por el hecho de tener una relación más frecuente conlos usuarios, puede y debe contribuir en mejorar el ambiente y estimular laconducta de los residentes.

No debe aceptar responsabilidades o tareas que no sean de sucompetencia ni delegar las que le son propias en otros profesionales queno están debidamente capacitados.

Por último, debe utilizar el uniforme reglamentario y observar las normas deprevención de riesgos laborales.

La atención centrada en la persona (ACP) tiene como referente la Ética Principialista(basada en principios) para orientar sus intervenciones y opta por utilizar métodos deliberativos para buscar decisiones prudentes.

Los principios de la bioética en centros o recursos de atención a personas mayores dependientes

  • El principio de no maleficencia obliga a los profesionales de los servicios gerontológicos a no hacer daño (físico, psicológico o social) a la persona mayor ni a sus familiares, así como a realizar buenas prácticas en la intervención. En la práctica profesional diaria esto se traduce en la obligación de realizar aquellas intervenciones que están indicadas, por suponer beneficios para las personas, y evitar las que están contraindicadas por generar daño o riesgos de lesión para éstas.
  • El principio de justicia obliga moralmente a los profesionales de los recursos de atención a personas mayores a no discriminar a ninguna persona por razones sociales y a distribuir los recursos de forma equitativa entre las personas de similar necesidad.
  • El principio de autonomía dicta a los profesionales de los centros de atención social a promover y respetar las decisiones de las personas usuarias. Ello implica reconocer el derecho de las personas mayores a tener y expresar sus propias opiniones, así como a identificar y llevar a cabo intervenciones basadas en sus valores, creencias y proyectos de vida.
  • El principio de beneficencia insta a los profesionales de los recursos de atención a personas mayores a hacer el bien a éstas. Esto se traduce en procurar el mayor beneficio para la persona partiendo del concepto subjetivo del bien de la propia persona mayor, y si este es desconocido, de la mayor calidad de vida objetiva esperable.

2.	Principios éticos de la intervención social con personas dependientes.

Las actitudes y valores del profesional de atención a personas dependientes en instituciones

Apostar por la Atención Centrada en la Persona (ACP) en los servicios destinados a la atención a personas dependientes implica asumir una serie de principios, actitudes y valores. A pesar de existir varias definiciones sobre la ACP, todas ellas coinciden de una manera u otra en tres aspectos y pilares fundamentales del modelo:

1.Mantener un continuo respeto a la persona mayor dependiente en cuanto a sus valores

2.Tener siempre en cuenta sus preferencias y,

3.Actuar en base a las necesidades expresadas.

Podemos identificar tres componentes en la definición de ACP:

  • La singularidad de los usuarios,
  • El enfoque holístico que contempla variables personales, sociales y ambientales
  • El reconocimiento de la autonomía, es decir el respeto a las personas y a su capacidad para decidir

En definitiva, la ACP es el modelo de cuidados que todos buscamos para nosotros mismos, nuestros familiares y amigos.

El valor de la ACP contempla dos dimensiones diferenciadas, la atención a las personas y el entorno positivo. A su vez, ambas dimensiones se despliegan en un total de 10 componentes.

No es suficiente con reconocerlos o enunciarlos, también es necesario hacerlos efectivos en el día a día.

1. Todas las personas tenemos dignidad

Con independencia de la edad, las enfermedades, el estado cognitivo, el grado de discapacidad o dependencia, o cualquier otra circunstancia socio personal, las personas residentes o usuarias son poseedoras de dignidad. Por tanto, deben ser tratadas con igual consideración y respeto que las demás.

2. Cada persona es única

Ninguna persona dependiente es igual a otra. Cada persona tiene su propio proyecto vital. Por tanto, la atención personalizada es imprescindible y debe dirigirse a apoyar proyectos de vida propios y significativos.

3. La biografía es la razón esencial de la singularidad

La biografía es lo que convierte en única a cada persona. Por tanto, ésta se convierte en el referente básico del plan de atención y vida.

4. Las personas tenemos derecho a controlar nuestra propia vida

La persona usuaria o residente en situación de dependencia se considera como un agente activo y protagonista de su proceso de atención. Por tanto, se ha de respetar la autonomía de las personas y se deben buscan oportunidades y apoyos para que éstas tengan control sobre su entorno y su vida cotidiana.

5. Las personas con grave deterioro cognitivo o grandes necesidades de apoyo también tienen derecho a ejercer su autonomía

La autonomía no se entiende como una capacidad única y fija. Por tanto, no se renuncia a trabajar desde la autonomía con las personas gravemente afectadas, identificando oportunidades y apoyos que permitan su ejercicio. Y también la autonomía se entiende como un derecho que, cuando la persona no es competente para tomar decisiones y actuar, es ejercido de modo indirecto a través de los otros, quienes deciden teniendo en cuanta los valores y preferencias de quien es representado.

6. Todas las personas tenemos fortalezas y capacidades

Las personas residentes o usuarias, aun teniendo altos niveles de dependencia, también tienen fortalezas y capacidades. Por tanto, la atención profesional no debe fijarse solo solo en los déficits y limitaciones, sino que ha de poner la mirada en fortalezas y capacidades de cada persona, relacionarse desde ellas y buscar el fortalecimiento de estas.

7. El ambiente físico influye en el comportamiento y bienestar subjetivo

Especialmente en las personas con deterioro cognitivo o con gran dependencia, el ambiente físico cobra una gran importancia en relación con el bienestar subjetivo. Por tanto, es preciso lograr entornos hogareños, confortables, significativos, accesibles, predecibles y seguros.

8.  La actividad cotidiana tiene una gran importancia en el bienestar personal

Lo cotidiano, lo que sucede en el día a día, las actividades que realizan las personas usuarias o residentes influyen de forma determinante en su bienestar físico y subjetivo. Por tanto, se han de procuran actividades plenas de sentido que refuercen la identidad de las personas, que respeten su edad adulta y que sean acordes a sus intereses. Actividades que además de servir de estímulo y terapia, eviten el aislamiento social y resulten agradables y motivadoras para cada persona.

9. El ser humano es un ser social y nos relacionamos desde relaciones de interdependencia

Nos desarrollamos y vivimos en relación social y todos necesitamos de los demás para convivir y realizarnos plenamente. Mantener relaciones sociales tiene efectos positivos en la salud y en el bienestar de las personas. Esto sucede a lo largo de toda la vida, y especialmente cuando las personas se encuentran en situación de dependencia.

RECUERDA, Por tanto, los otros –los/as profesionales, la familia, los amigos/as o los voluntarios/as- son esenciales en el desarrollo del proyecto vital de las personas a lo largo de todo el ciclo vital y tienen un papel clave en el ejercicio de la autodeterminación y el logro del bienestar físico y subjetivo.

También las personas mayores, incluso cuando tienen un deterioro importante, deben ser valoradas como alguien que aporta y contribuye al bienestar de otros y, por tanto, deben recibir apoyos para que esto así sea y así se visibilice.

10. Las personas somos seres multidimensionales dinámicos, por tanto, sujetos a cambios

En las personas dependientes o con discapacidad interactúan aspectos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales. Precisan apoyos diversos y ajustados a las diferentes situaciones. Por tanto, resulta imprescindible ofrecer una atención que integre intervenciones integrales, coordinadas y flexibles.

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